Los placeres de un deshidratador son triples.
La primera es que mi familia nunca desperdiciará verduras ni frutas. Las manzanas, uvas, pomelos y limones que se están pudriendo y no se pueden comer se deshidratan y se convierten en fruta crujiente o seca.
La segunda capa es que las verduras malas, como la col rizada, son tan buenas como pueden ser cuando están crujientes. Es como... como una rodaja de nori con un toque dulce.
Y en tercer lugar, puede inspirar platos inesperados. Las ciruelas agridulces se cortan finamente y se deshidratan antes de triturarlas en trozos pequeños y servirlas en platos grasosos como el tocino a la parrilla para mejorar su frescura y reducir su grasitud. Por ejemplo, en la cocina del sudeste asiático, la cebolla picada suele freírse. Como alternativa, deshidrátela antes de cocinarla. Es menos grasosa y saludable.
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